Aleixandra, la chica que lucha contra la anorexia a 250 kilómetros de casa

Daniela Baños, El Mundo, 22/05/2019

La última vez que Patricia Cervera creyó que su hija Aleixandra se moría fue hace un mes. Los médicos quisieron dar de alta a la joven, que sufre anorexia, después de pasar diez horas en Urgencias: «Sentí que la estaban sentenciando a muerte. Pensé que ya no me quedaba nada que perder y que, al menos, el maltrato que habíamos sufrido, tenía que servir para algo».

La salud de Aleixandra, de 21 años, ha sido una sombra en la vida de Patricia desde hace ocho años, el tiempo que su hija lleva batallando con esta enfermedad. Durante el cual ella también ha estado luchando contra el sistema de sanidad público de Andalucía. La falta de unidades especializadas en Trastornos de la Conducta Alimentaria en su comunidad, así como el alto coste de los tratamientos privados han generado daños irreversibles en la salud de Aleixandra y el bolsillo de la familia, denuncia su madre. Patricia ha canalizado su desesperación en una iniciativa: una campaña en Change.orgen la que busca recaudar firmas para que todas las Comunidades Autónomas cuenten con unidades especializadas en la sanidad pública. Hasta la fecha tiene más de 280.000 firmas y está a 20.000 de lograr su objetivo.

En este sentido, la psicóloga Marian Fernández de la Asociación en Defensa de la Atención de la Anorexia Nerviosa (ADANER) reitera que el problema no se limita a Andalucía y que falta mucho por hacer en España. «Habría que empezar por una mayor inversión a nivel nacional en lo que respecta las unidades especializadas. No hay suficientes para toda la población».

Si bien, hay CCAA que cuentan con estas unidades especializadas en su sistema de sanidad como Aragón, Madrid o Cataluña- que incluso tienen más de una unidad- hay otras, como Baleares o el País Vasco, en las que no existen.

EL COMIENZO

El problema empezó cuando Aleixandra tenía tan solo 13 añosy pasó del colegio al instituto, donde sufrió acoso escolar. «Se pasaba las tardes encerrada en su habitación estudiando. Su carácter se volvió muy irascible y depresivo. Empecé a preocuparme pero pensé que era ‘cosa de la edad’ por la que todos hemos pasado», relata Patricia en una entrevista con EL MUNDO.

Recuerda que cuando su hija le propuso comer más sano y hacer ejercicio pensó que sería una «magnífica forma de que saliera de su encierro y poder pasar más tiempo con ella. Así que comimos más saludable, sin llegar a hacer dieta, e hicimos deporte juntas. Ella empezó a sentirse muy bien. Dedujo que si seguía perdiendo peso se sentiría aún mejor«.

Su enfermedad ha perdurado casi una década y Patricia asegura que no ha sido fácil: «Todos estos años las opciones de tratamiento han sido consultas esporádicas o ambulatorias«. Asimismo, comparte que su trastorno también le ha pasado factura a familia: «No afecta solo a la salud de la persona enferma, toda la familia está completamente agotada».

En este sentido, la miembro de la Academia Española de Nutrición y Dietética Griselda Herrero afirma que son tratamientos que «duran años». Señala que, para mejorar las posibilidades de estos pacientes, se necesita ser constante en los tratamientos y muchas veces la propia sanidad pública no proporciona esta frecuencia: «A lo mejor los ve el psicólogo una vez cada tres meses, cuando debería ser por lo menos una vez por semana. Estamos a años luz de que los pacientes se recuperen con esa continuidad».

No afecta solo la salud de la persona enferma, todos estamos completamente agotadosPATRICIA CERVERA

Herrero,nutricionista y dietista, lamenta que no hay expertos en salud mental, dietistas o nutricionistas especializados en trastornos de la conducta alimentaria en la sanidad pública. «Es lo primero que habría que mejorar porque es lo mínimo que se necesita para tratar a una persona anoréxica», sostiene.

TRATAMIENTOS DE 2.000 EUROS MENSUALES

Este panorama ha obligado a Patricia, que es madre soltera de dos hijos, a optar por la vía privada. Una opción que ha sido difícil de asumir porque los costes de los tratamientos son altos, más aún cuando ella es la única fuente de ingresos. Denuncia que, ante la falta de soluciones públicas, a los familiares sólo les queda escoger entre dos vías: «Pagar los más de 2.000 euros mensuales que cuesta un tratamiento en un hospital de día, que en ocasiones es ineficaz para los casos más graves ya que por las noches hacen a los pacientes volver a casa. O dejar que se consuman poco a poco».

Fuentes de la Consejería de Salud y Familia de Andalucía defienden que «actualmente, no hay una unidad con el nombre de ‘Trastorno Alimenticio’ pero eso no quiere decir que no se le esté dando tratamiento a esas personas. Les hemos prestado atención asistencial y todos los recursos y especialistas que tenemos a nuestra disposición».

«Estamos al tanto del caso de Aleixandra», declaran. Explican que la Junta está poniendo en marcha dos unidades especializadas que saldrán «lo más rápido posible», pero no especifica la fecha.

UNA PESADILLA

Actualmente Aleixandra está ingresada a cientos de kilómetros de su casa en Granada. Lleva semanas en el Hospital General de Ciudad Real, que tiene una de las dos unidades especializadas que hay en Castilla-La Mancha. Patricia la visita los fines de semana pero no sabe cuánto tiempo más podrá perdurar esta dinámica: «Duermo en un hotel y no puedo permitirme este gasto». Pero asegura que continuará en su lucha por aquellos que, como su hija, han sido «abandonados por el Estado».

«Es una pesadilla de la que nunca despiertas. No existe un momento del día en el que pueda estar tranquila», asegura Patricia. «Ver en el estado que se encuentra mi hija, darle un abrazo y sentir cómo se clavan todos sus huesos, mirarla a los ojos y encontrar una mirada perdida de un sufrimiento intenso, escuchar su voz apagada, sin energía, así, como madre, no puedes vivir».

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