¿Cómo ayudar al desarrollo del lenguaje de nuestros hijos?

¿Cómo ayudar al desarrollo del lenguaje de nuestros hijos?

María Crespí, Sapos y Princesas, El Mundo, 4/02/2020

El lenguaje es una herramienta de pensamiento, reflexión y conceptualización. Facilita la comprensión y la resolución de problemas, y está ligado al desarrollo cognitivo. Es también un instrumento para entender y producir emociones, así como favorecer las relaciones interpersonales, por lo que su influencia en el desarrollo social y afectivo es muy relevante.

El período crítico para el desarrollo del lenguaje empieza en el primer año de vida y se alarga hasta los 5 o 6 años. Después de esta etapa, seguimos desarrollando nuestras capacidades lingüísticas toda la vida, pero es necesario haber adquirido previamente las bases de nuestro idioma. Por ello, el momento ideal para prevenir y compensar posibles dificultades es la infancia.

Para que exista el lenguaje es necesario un modelo de habla correcto, el deseo del niño por comunicarse y la estimulación adecuada. Los primeros intentos de comunicarse del pequeño se manifiestan a través del llanto, la sonrisa o los gorjeos. El estar atentos a ellas y responder a sus interacciones provocará su motivación en cuanto al habla se refiere y permitirá que se siga desarrollando.

Os proponemos, pues, una serie de pautas que pueden utilizarse para fortalecer el desarrollo del lenguaje de los niños.

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Fuente: Canva

Pautas para fortalecer el desarrollo del lenguaje

  • Cuando hablemos a nuestros hijos, procuraremos situarnos de frente a ellos de forma que puedan ver nuestros ojos y nuestra boca.
  • Debemos ser un buen modelo de lenguaje: hablar claro y lentamente, pero sin exagerar. Será importante que articulemos bien las palabras para que nuestros hijos perciban bien todos los sonidos.
  • Intentaremos repetir enseguida y correctamente lo que el niño diga mal, y no insistiremos en que lo repita. Es importante no decirle “no, así no”, sino darle el modelo correcto para que lo oiga y que, de este modo y poco a poco, vaya integrando las estructuras que corresponde y pueda ir usándolas él solo.
  • Es fundamental que motivemos al niño para que se interese en la comunicación. Nos importa principalmente que se comunique, aunque articule incorrectamente los fonemas. Por ejemplo, si el niño dice la palabra “pelota”, le daremos el modelo correcto diciéndole: “Ah, quieres la pelota”, “Ah, Miguel, quieres la pelota” o “Muy bien, toma la pelota”.
  • En la medida de lo posible, no debemos usar preguntas cerradas en las que sólo tenga que contestarnos “sí” o “no” porque no permiten que se desarrolle la comunicación. En lugar de eso, podemos utilizar preguntas en las que tenga que responder con el concepto. Por ejemplo, podemos sustituir la pregunta cerrada “¿quieres pan?” por una abierta como “¿qué quieres?” o “¿quieres pan, chocolate o galletas?”.
  • Recompensaremos los esfuerzos lingüísticos del niño y lo felicitaremos cuando se esfuerce en usar el lenguaje con un aplauso, una sonrisa, un beso o un “muy bien”. Aunque solo se haya aproximado al modelo correcto, esto reforzará la conducta lingüística.
  • Es bueno darle tiempo para que se exprese por sí mismo, intentando que no sean otros quienes hablen o contesten en su lugar.
  • Resulta conveniente el que podamos establecer turnos de conversación en la familia.
  • Será favorable que le leamos cuentos en voz alta con frecuencia.
  • Si proveemos a nuestros hijos de juguetes, objetos, láminas ilustradas y cuentos estimularemos su comunicación.
  • Por último, podemos despertar su curiosidad creando nuevas oportunidades y nuevos contextos para que explore otras situaciones y así aparezcan distintas expresiones en su lenguaje, como ir al zoológico, circo, mercado y a otros lugares que sirvan de estímulo.

Hay que tener en cuenta que lo que os ofrecemos estas pautas descritas son recomendaciones que podremos utilizar en mayor o menor medida según sintamos que nuestros hijos están preparados para ellas o son de beneficio en uno u otro momento. No deben ser tomadas como “una receta” estricta, sino como orientación para poder acompañar a nuestros hijos en su desarrollo lingüístico inicial.

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