Cómo estimular el cerebro de los más pequeños durante el verano

Cómo estimular el cerebro de los más pequeños durante el verano

Carla A. Carvalho, Sapos y Princesas, El Mundo, 6/08/2020

Playas, piscinas, planes en familia y con amigos. Durante las vacaciones de verano se presentan un sinfín de oportunidades para dar rienda suelta a la imaginación y creatividad de los niños. Sin embargo, a pesar de todas las horas libres de las que disponen, existe una cuestión que se repite año tras año en muchos hogares: ¿cómo puedo estimular el cerebro de mi hijo durante las vacaciones?, ¿qué podemos hacer como padres para que no pierdan lo aprendido durante el curso escolar?

Si estás leyendo esto, significa que tú también tienes esa duda y, que al igual que cientos de padres, buscas qué hacer durante las vacaciones con tus hijos. Actividades que, sin duda, se alejen de pasar largas horas pegados a la televisión, a la tablet, al móvil o a cualquier otro dispositivo electrónico que limite el contacto social con sus iguales o con el resto de la familia.

Durante el período estival, son muchas las actividades que podemos llevar a cabo con el fin de seguir estimulando el cerebro de los niños. Actividades que, sin duda, van mucho más allá de sentarse a leer y escribir cada tarde. Por ello, con el fin de que vosotros mismos como padres también despleguéis vuestra creatividad e imaginación, os dejamos una serie de propuestas.

1. Aprovechar las actividades al aire libre

Sin lugar a duda, la naturaleza es un excelente contexto para poner en marcha diferentes dominios cognitivos como, por ejemplo, la atención o la percepción. Una buena opción es aprovechar los diferentes paisajes para estimular los mecanismos atencionales y perceptivos de los niños. Para ello, podemos llevar a cabo actividades tan simples y, a la vez, tan divertidas como el tradicional veo – veo o que los niños vayan nombrando los diferentes objetos que encuentran a su paso.

2. Involucrarlos en las tareas básicas de la vida diaria

Las tareas básicas de la vida diaria como, por ejemplo, ir a hacer la compra o el momento del baño también pueden ser excelentes actividades para poner en marcha diferentes funciones cognitivas. Aspectos que, sin duda, resultan esenciales e indispensables para lograr un correcto aprendizaje.

Podemos aprovechar la visita al supermercado para que los niños vayan familiarizándose con diferentes productos y, de esta forma, vayan siendo capaces de distinguir los colores y formas. En los niños más mayores, esta visita puede ser una excelente oportunidad para fomentar su autonomía, ya que les podemos otorgar diferentes responsabilidades. Por ejemplo, podemos encargarles que sean ellos mismos los responsables de seleccionar un producto de acuerdo con su precio y características. De esta forma, pondrán en marcha otras destrezas académicas como aquellas relacionadas con el cálculo.

3. Cocinar en familia

La cocina es una gran opción para poner a trabajar nuestro cerebro. Un lugar, sin duda, hecho para grandes y pequeños. Un contexto que puede ser adaptado a todas las edades. Los más pequeños se caracterizan por su deseo de ser protagonistas en la mayoría de las tareas que se realizan en el hogar. ¡La cocina no podía ser menos! En función de su edad podemos encomendarles diferentes tareas: batir huevos o pelar patatas, entre otras. Además, cada vez son más las empresas que apuestan por hacer utensilios de cocina adaptados a los niños de menor edad, por lo tanto, el riesgo de que puedan hacerse daño disminuye de manera significativa.

En cuanto a los adolescentes, este contexto puede ser una excelente oportunidad para desplegar y poner en marcha sus funciones ejecutivas. Ellos mismos pueden ser los encargados de seleccionar el plato que cocinarán y llevar a cabo todos los pasos necesarios para lograr la meta. De esta forma, pondrán en marcha los mecanismos relacionados con la planificación, la toma de decisiones, la memoria de trabajo, etc. Funciones claves para lograr un correcto aprendizaje.

4. Leer cuentos y tener conversaciones antes de ir a dormir

El momento de ir a la cama puede ser otra excelente oportunidad para estimular el cerebro de grandes y pequeños.

El cuento es la herramienta por excelencia que suelen usar los padres para intentar que los niños logren conciliar el sueño lo antes posible. Pero, ¿sabes cómo sacarle el máximo partido? Podemos aprovechar estos ratitos para desarrollar otras funciones cognitivas, por ejemplo, el lenguaje. ¿Cómo? ¡Muy sencillo! Una vez terminado el relato podemos pedirle al niño que nos cuente con sus propias palabras qué ha ocurrido en la historia. De esta forma, además de desarrollar las habilidades lingüísticas de los más pequeños, también estaremos poniendo en marcha sus mecanismos atencionales. ¿Te imaginas intentar resumir la historia sin haber prestado atención?

¿Qué hay de los más mayores? El final del día puede ser un buen momento para hacer balance del mismo: ver qué ha sucedido y cómo nos encontramos. De esta forma, además de desarrollar las habilidades lingüísticas, también estaremos fomentando los lazos de comunicación entre padres e hijos, así como un buen desarrollo emocional de estos.

Como habéis visto, son muchas las situaciones de nuestra vida diaria que podemos aprovechar con el fin de poner en marcha diferentes funciones cognitivas y, con ello, estimular el cerebro de grandes y pequeños.

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