Habilidades sociales en los niños: desafíos en la época de la distancia de seguridad

Habilidades sociales en los niños: desafíos en la época de la distancia de seguridad

Nerea Bergara, Sapos y Princesas, El Mundo, 8/10/2020

Las habilidades sociales se refieren a aquellas conductas que contribuyen a una adecuada y positiva relación interpersonal. Los meses de confinamiento implicaron un parón para todos en su desarrollo. La imposibilidad de socializar en el parque, en el patio del colegio, en las fiestas infantiles… supuso un retroceso para muchos niños. Ahora han vuelto a las aulas y lo han hecho en grupos más reducidos. Podemos ver el lado bueno de esta medida: será beneficiosa para aquellos niños a los que les cuesta más interactuar con otros.

Antes de nada, vamos a repasar a fondo en qué consisten estas competencias y por qué son tan necesarias. Se refieren a los comportamientos que facilitan el trato con las personas, y se asimilan a lo largo de la vida. Sin embargo, su aprendizaje puede ser más o menos fácil, puesto que tras ellos subyacen varias cuestiones que los condicionan.

Dimensiones de las habilidades sociales

1. El aspecto conductual

Se refiere a la capacidad de manejar hábilmente la comunicación verbal y no verbal. Ello implica el saber qué tipo de preguntas formular (si se trata de un contexto formal o informal), controlar las miradas, la postura corporal e incluso el tono de voz.

2. La personalidad

En cada situación social hace de juez, valorando lo que está sucediendo. Generalmente esto sucede de una forma muy subjetiva, y por tanto, interpretando la escena “a su manera”.

3. El contexto

El comportamiento de una persona, ya sea un niño o un adulto, puede variar mucho en función de la situación, es decir, de dónde y con quién se encuentre.

Positivos en clase
Fuente: Canva

La experiencia va dando pautas

Cabe preguntarse por qué unos niños se desenvuelven mejor socialmente que otros, incluso habiendo vivido experiencias similares. Una de las razones es que estas habilidades se encuentran reflejadas en la llamada Teoría de las inteligencias múltiples, descrita por Howard Gardner, psicólogo, investigador y profesor de la Universidad de Harvard. En concreto, en la inteligencia interpersonal.

Todos los niños nacen con ella, aunque no todos la perfeccionan de igual forma. Queda claro entonces que nadie nace sabiendo cómo comportarse en un determinado contexto o situación, sino que es algo que se aprende en cada experiencia.

Aspectos básicos de su influencia

1. Inteligencia emocional

Una de las características principales de las habilidades sociales es la aptitud de reconocer las emociones en uno mismo y en los demás, así como el poder gestionar los conflictos o problemas interpersonales. Puede parecer algo sencillo. Sin embargo, incluso para muchos adultos, es de lo más complejo. Todos somos conscientes de la dificultad que entraña resolver adecuadamente algunas cuestiones; por ejemplo, tener que defenderse al ser víctima de un engaño.

2. Regulación emocional

Su segunda particularidad, como consecuencia, es la capacidad en la gestión de las emociones. Esto ocupa un lugar fundamental en todos los sentidos, puesto que la manera en la que se interprete y, posteriormente, se gestione una experiencia, creará una forma concreta de actuar. Y esta sentará las bases del autoconcepto personal y social, y de la propia autoestima.

Por ejemplo, un estudiante que pega cuando alguien le ha insultado y como resultado consigue que la otra persona le deje en paz, posiblemente aprenda que pegar es una forma efectiva de que nadie le moleste. Por ello, cuando se trabajan las habilidades sociales en consulta, la gestión de las emociones es una de las primeras áreas que se deben entrenar.

3. Desarrollo personal

Por otro lado, las competencias sociales también se relacionan con la formación de la propia identidad. Porque la personalidad se construye a partir de las capacidades individuales y de la gestión de cada experiencia.

Tristemente, el poder de las etiquetas está claramente presente desde una edad muy temprana. ‘Qué bueno eres, pero qué bien te portas’, ‘saluda bien, mira que eres tímida’… Aunque parezcan expresiones de lo más inofensivas, imponen formas de comportarse con las que, inconscientemente, muchos menores se describen y autodefinen.

Las etiquetas tienen un fuerte impacto sobre la forma en que nos relacionamos con los demás. Por ello, es conveniente ayudar en su progreso, fomentando experiencias de sociabilidad. Y también cuidando las consecuencias del lenguaje o de expresiones que se utilicen habitualmente, ya que todo influye, para bien y para mal.

Las habilidades sociales en tiempos de Covid-19

El confinamiento ha supuesto un parón en todos los sentidos. Y, en cuanto a este en concreto, muchas familias han visto cómo sus hijos han dado un paso atrás. Porque a los pequeños se les ha privado de entornos con un gran componente social, como son los parques, el patio del colegio u otros lugares de encuentro para ellos.

Hay casos, en cambio, en los que se puede valorar un aspecto positivo de esta nueva situación. Ahora que los alumnos han vuelto a las aulas, las medidas restrictivas han supuesto una ayuda para algunos. Concentrar a los estudiantes en grupos cerrados con los que relacionarse, los llamados grupos burbuja, beneficia a aquellos niños que no son tan hábiles socialmente hablando.

Desenvolverse entre un conjunto de compañeros más pequeño, y que no varía, ayuda a que controlen las aptitudes comentadas anteriormente. Es decir, las comunicativas y de interacción con los demás, seguimiento de conversaciones en grupo, resolución de problemas, etc.

De todo se saca algo bueno y, en este caso, la nueva normalidad brinda a muchos menores la oportunidad de entrenar y mejorar sus habilidades sociales en un entorno más protegido. Para obtener los mejores resultados, la familia y los educadores tienen ahora el papel de guiar y acompañar, como mentores, en el aprendizaje y desarrollo de estas competencias que facilitan la interacción con los demás.

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