Intoxicaciones domésticas: riesgos de la hiperlimpieza en niños

Neumólogos y dermatólogos advierten de los peligros por inhalación y contacto con productos desinfectantes y recuerdan que los ozonizadores no están incluidos en las listas oficiales de virucidas

Dos niños enseñan sus manos limpias.

Beatriz Portinari, D M&P, El País, 08/06/2020

La fiebre por la hiperlimpieza ha dejado a miles de hogares en manos de la suerte o el sentido común para evitar intoxicaciones. Padres y madres que teletrabajan, cuidan y juegan con sus hijos, cocinan, limpian la casa y se les va la mano con los desinfectantes. Nunca es tarde para volver a escribir esto: la lejía, incluso en tiempos de coronavirus, solo se puede mezclar con agua fría. No hay más. Si hemos sufrido anosmia -pérdida de olfato- y tenemos la impresión de que todavía no hemos desinfectado bien el hogar, la Organización Mundial de la Salud indica que el porcentaje adecuado para eliminar el coronavirus es del 70% de etanol (alcohol etílico) o por encima del 0,1% de hipoclorito sódico (lejía), que en las concentraciones que se vende en España equivaldría a 30 mililitros, o dos cucharadas soperas, por litro de agua. No sería la primera vez que fallece una persona por limpiar exhaustivamente con lejía y amoníaco, dos productos que combinados liberan cloramina, un compuesto altamente tóxico.

El Servicio de Información Toxicológica del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, detectó el pasado abril un aumento en la incidencia de consultas telefónicas por intoxicaciones domésticas debido a la obsesión para eliminar virus, bacterias y gérmenes de los hogares. Entre marzo y las dos primeras semanas de abril recibieron 11.337 llamadas, que son 1.655 más respecto al mismo período del año anterior. El 26% de esos hogares habían combinado la lejía con variedad de productos como amoníaco, salfumant, vinagre, alcohol, anticalcáreos, limpiahogar y lavavajillas. El inconveniente de estos cócteles desinfectantes es el daño, a corto y medio plazo, que puede provocar en las vías respiratorias.

“Uno de los problemas más frecuentes que encontramos es el uso excesivo de aguarrás, útil para desatascar retretes, mezclado con otros productos desinfectantes en el cuarto de baño, que además suele ser un espacio cerrado en muchos hogares. Si no ventilamos correctamente se puede crear una nube tóxica que suele ser muy irritante, y quien la respira sufre algo parecido a una crisis de asma. Es similar a quien inhala humo en un incendio: se produce una inflamación de las vías aéreas y puede presentar desde síntomas leves, como accesos de tos, rinitis, irritación faríngea y laríngea, a casos más graves con broncoespasmos e insuficiencia respiratoria”, explica la neumóloga Carmen Diego, secretaria general de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ).

Curiosamente, el mal uso de los productos tóxicos no es algo nuevo. En un estudio presentado en la Universidad de La Laguna en 2016, donde se analizaba la prevalencia de las intoxicaciones agudas según el sistema español de toxicovigilancia entre 1999 y 2014, se recogieron 10.548 casos, con una incidencia media de dos pacientes al día. La mayoría de las intoxicaciones fueron domésticas (67,7%) seguidas por los accidentes laborales (15,4%), donde el 31% de las intoxicaciones agudas se debía a gases tóxicos y el 25% causado por cáusticos.

Además de ventilar el hogar durante la limpieza, los expertos recomiendan que los niños pequeños, especialmente sensibles a la inhalación de estos productos, no se acerquen a la habitación que estemos desinfectando. Y recuerdan que cualquier persona no asmática puede desarrollar asma posterior a una intoxicación. “Los neumólogos conocemos el Síndrome de Disfunción Reactiva de la Vía Aérea (RADS) que produce asma bronquial por la inhalación de altas concentraciones de productos irritantes, pero suele suceder en el entorno laboral, no en los hogares. Debemos tener precaución, pero no obsesionarnos con el virus: no está flotando en el aire, no está infectando nuestras casas, no tenemos riesgo si no convivimos con un familiar enfermo, e incluso en ese caso no se trataba de esterilizar el domicilio, sino de mantener unas normas de higiene y desinfección de las superficies que hayan estado en contacto posible con esas gotitas que exhalamos y correcta limpieza de la ropa del enfermo y sus residuos. Para el resto de familias, sin coronavirus diagnosticado, la limpieza normal es suficiente”, añade.

Cañones de ozono y geles hidroalcohólicos

Precisamente la fiebre por “esterilizar” domicilios ha puesto de moda un elemento nuevo: los cañones de ozono u ozonizadores domésticos. Las marcas anuncian que este gas es eficaz contra patógenos aéreos, pero no está incluido en la lista de virucidas autorizados y registrados en España, con eficacia comprobada frente al coronavirus.

“El ozono se ha usado tradicionalmente como desinfectante con fines industriales: se sabe que es bactericida y virucida para el control de hongos y bacterias de alimentos, control de algas en aguas… Pero no estaba pensado para aplicación doméstica y aún menos contra el coronavirus”, advierte la neumóloga. “Como toda sustancia para uso industrial debería manipularse siguiendo una estricta normativa, protección, EPIs adecuados. No solo no se puede poner en marcha con personas dentro del hogar, sino que después hay que ventilar adecuadamente y puede reaccionar con sustancias inflamables y otros productos químicos”.

Otra de las novedades que conlleva esta epidemia es la limpieza casi obsesiva con geles hidroalcohólicos y la desinfección del hogar con alcohol, que puede provocar dermatitis. La mejor forma de proteger las pieles sensibles durante la limpieza, señalan los dermatólogos, es con una primera capa de guantes de algodón, que evitan la sudoración y humedad excesiva de la piel, y encima una segunda capa de guantes. De nitrilo mejor que de vinilo, ya que estos últimos son permeables a bacterias y virus.

“Las lesiones en las manos más frecuentes por una inadecuada protección frente a productos abrasivos son los eccemas o dermatitis de contacto, que suelen aparecer en la zona interdigital, el dorso de las manos, las muñecas, con una sintomatología que incluye erupción, enrojecimiento y mucho picor. Los eccemas por contacto se diferencian de los llamados “sabañones por coronavirus” porque estos últimos forman pústulas que escuecen, son molestas, es más un ardor tipo quemazón”, describe Juan García Gavín, dermatólogo del Grupo Español de Investigación en Dermatitis de Contacto y Alergia Cutánea (GEIDAC), perteneciente a la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). “Mención aparte tiene el abuso de alcoholes, para la limpieza de manos o de superficies. Ya sea alcohol isopropílico o alcohol etílico, lo que provoca es sequedad y eccemas en las manos. Siempre que estemos en casa sería preferible lavar las manos, de mayores y niños, frecuentemente con agua y jabón neutro, hidratarlas después y reservar los geles para cuando salgamos de casa”, concluye.

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