¿Qué probabilidad real hay de que mi hijo se contagie de Covid-19 en el colegio?

25 alumnos, cinco horas de clase en un aula de 50 metros cuadrados. Calcula todas las variables posibles para calcular el riesgo de contagio

Cristina Marrone, El Mundo, 20/01/2021

Esta vez no ha sido el Covid, ha sido la borrasca Filomena. El caso es que, de nuevo, muchos españoles tienen a los niños en casa. Vuelve la enésima vuelta al cole de los últimos meses y vuelve la gran pregunta: ¿qué probabilidad tiene mi hijo de contagiarse en el colegio? Nos han repetido hasta la saciedad que los ambientes cerrados como la escuela representan un factor altamente crítico, especialmente si las aulas tienen un volumen reducido, sin mucha ventilación de aire exterior y con tiempos de permanencia elevados. En definitiva: pasar más tiempo en el interior incrementa la concentración de partículas potencialmente infecciosas.

La transmisión del coronavirus no se da sólo con toses y estornudos, de los que nos podemos defender con una distancia de al menos un metro. Muchos estudios demuestran que la infección también es posible a través de aerosoles , las gotitas infectadas que permanecen en el aire y que mantienen una carga de infectividad durante un tiempo lo suficientemente largo como para ser inhaladas por otras personas.

Y entonces, ¿qué pasa en un aula? ¿Cuál es el riesgo real de contagio? Bien, sabemos que el aula es sólo uno de los escenarios de riesgo vinculados a la escuela, hay que sumar la entrada y salida de los centros, el recreo, el medio de transporte… Pero centrémonos en cómo intentar reducir los riesgos en clase para garantizar la educación presencial, un elemento tan importante para la vida de los niños.

Es imposible predecir con certeza si una persona infectada transmitirá el virus a otra persona, pero es posible estimar el riesgo de que esto suceda.

25 ALUMNOS, CINCO HORAS, 50 METROS CUADRADOS

Suponga que 25 alumnos pasan 5 horas en un aula de 50 metros cuadrados. Lo que sucede normalmente en el aula es que el profesor habla en voz alta para que todos los alumnos escuchen y para tapar el inevitable murmullo en una sala llena de niños. Pero, ¿y si el maestro, en dos horas de clase, fuera positivo en coronavirus? Con las ventanas cerradas, una situación normal en invierno y sin mascarillas quirúrgicas, el riesgo individual de contraer la infección sería muy alto: 14%. En esas condiciones, podrían infectarse hasta 15 estudiantes. En esa sala, con solo dos personas presentes, cada una de ellas infectaría a más de una (Rt>1).

¿Puede limitarse ese riesgo? Con la introducción de la mascarilla quirúrgica, el riesgo de infección individual se reduce al 7,3% y el número máximo de infecciones se reduce a la mitad, aunque sigue siendo alto (7). Naturalmente, asumimos en este cálculo que todo el mundo lleva siempre puesta la mascarilla, y siempre correctamente durante las cinco horas lectivas, cubriendo la nariz y la boca, una situación no tan obvia.

¿Qué más se puede hacer para contener la propagación de la infección? La ventilación y la limitación de la emisión de la fuente parecen ser las claves para reducir el contagio vía aerosol. Además de las mascarillas, manteniendo siempre las ventanas abiertas, el riesgo individual de contagio se reduce al 2,2% y el número máximo de alumnos infectados es de 2. Pero es impensable mantener siempre las ventanas bien abiertas en pleno invierno. Sin embargo, se lograría el mismo resultado con un sistema de ventilación mecánica de al menos 3 volúmenes de aire por hora (cambio total de aire cada veinte minutos). Como alternativa se puede utilizar purificadores de aire, dispositivos que ahorran espacio y que parecen un calentador y que sólo necesitan una toma de corriente para funcionar.

LAS VENTAJAS DEL MICRÓFONO

Además, para limitar la emisión de partículas potencialmente infectadas, los profesores pueden estar equipados con un micrófono: al no verse obligados a hablar en voz alta emitirían menos partículas. En un aula, un profesor positivo en coronavirus que habla y explica continuamente en voz alta es más peligroso que un estudiante que sólo respira y habla ocasionalmente.

Ya en la situación actual (todos con mascarilla y con las ventanas cerradas) si el profesor habla con micrófono el riesgo de infección individual baja del 7,3% al 1,3% (con un número máximo de infectados de 1). Si abrimos las ventanas durante sólo 15 minutos cada hora, el riesgo individual de contagio vuelve a caer al 0,8%. Con un purificador desciende aún más, al 0,4%.

Por supuesto, si todos en la clase usan mascarillas FFP2 se reducen los riesgos de contagio. Con las ventanas cerradas y hablando en voz alta, el riesgo de infección individual es bastante bajo: 1,5% con un número máximo de personas infectadas igual a 2. Añadiendo el micrófono, el riesgo de infección individual se reduce al 0,3%. Sumando a todas estas medidas, incluso el purificador de 3 volúmenes por hora, el riesgo de infección individual se reduce al 0,1%: más de 25 estudiantes podrían permanecer en esa habitación manteniendo un Rt

En resumen, si el profesor usa micrófono y mantiene una ventilación mecánica mínima (3 cambios de aire por hora, mejor aún 6 cambios de aire por hora) el riesgo de contagio se reduce incluso más que con el uso de mascarillas quirúrgicas.

EL PRECIO DE LA SEGURIDAD

¿Y cuánto costaría todo esto? Un micrófono de diadema inalámbrico como el que usan los guías turísticos o los ponentes en las conferencias cuesta menos de 25 euros y se puede conectar a pizarras interactivas o incluso a un amplificador operado por un ordenador o por un smartphone.

También podemos intentar comparar los costes de la ventilación mecánica controlada (o depuradores) con el equipo de protección personal (mascarillas quirúrgicas y FFP2). Como vimos al inicio, con el uso de mascarillas quirúrgicas se obtiene un riesgo individual del 7,3%, que también se puede obtener con cambios de aire totales de 1,3-1,4 por hora. Estos intercambios son demasiado bajos para asumir un sistema de ventilación controlado, pero adecuados para un purificador.

Haciendo los cálculos para garantizar una mascarilla quirúrgica que cuesta 50 céntimos a 25 estudiantes por 200 días escolares al año, se gastan 2.500 euros. El coste de un depurador que garantiza 200 metros cúbicos de aire tratado por hora es inferior a los 1.000 euros, incluidos los costes energéticos (como también se muestra en el gráfico, un depurador con cambio de aire cada 20 minutos es incluso mejor que las mascarillas quirúrgicas) .

Si alumnos y profesor llevan mascarilla FFP2 hemos visto que el riesgo individual de infección se reduce al 1,5%. Para alcanzar el mismo nivel de riesgo se necesitarían 10 cambios de aire por hora, imposibles de alcanzar con purificadores portátiles (serían demasiado ruidosos) pero posible con un sistema de ventilación mecánica controlada real.

Comparemos los costes de nuevo. Una mascarilla FFP2 cuesta alrededor de 3 euros: para garantizar una al día a 25 estudiantes durante 200 días escolares, el coste es de 15.000 euros. El coste de un sistema de ventilación mecánica controlada (que se puede instalar apoyándose en el sistema de calefacción) para una sola clase es de unos 6.000 euros, a los que hay que sumar 1.000 euros por gastos de funcionamiento. Naturalmente, el gasto baja considerablemente si hay más de un aula que ventilar porque el sistema básico es el mismo.

En cualquier caso, incluso a precio completo, los 7.000 euros por aula son la mitad de los 15.000 euros necesarios para el suministro de mascarillas FFP2, sin considerar que el sistema es permanente, los costes se amortizan, el intercambio de aire reduce los riesgos incluso en presencia de un alumno infectado y pensar en cinco horas de clase sin mascarilla es una verdadera liberación.

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