Reflujo gastroesofágico durante la infancia: ¿en qué consiste y cómo se puede tratar?

Sapos y Princesas, El Mundo, 8/03/21

El paso del contenido estomacal hacia el esófago es un fenómeno que, normalmente, se repite varias veces al día desde las primeras comidas de los niños sin que por ello se produzcan molestias importantes. No obstante, cuando la intensidad de este suceso aumenta u ocasiona complicaciones puede comenzar a hablarse de la presencia de una enfermedad por reflujo gastroesofágico. A continuación veremos los síntomas que causa tanto en bebés como en etapas posteriores de la infancia y las maneras de las que puede tratarse, así como la atención que deben recibir nuestros hijos en caso de que sea necesario someterlos a una cirugía.

¿Cómo afecta a los bebés?

No es extraño que, durante los primeros meses de vida, la comida regrese con bastante facilidad al esófago o incluso a la cavidad bucal después de haberla ingerido. Por lo general y pese a que se suele dar con una periodicidad diaria, tal acontecimiento no suele derivar en complicaciones, aunque a veces implica problemas de salud que requieren de atención médica.

Los síntomas más comunes del reflujo gastroesofágico en los bebés son la expulsión de bocanadas sin esfuerzo o regurgitaciones, que acostumbran a verse agravadas, como explica la Asociación Española de Pediatría, después de las tomas. Al estar el estómago lleno, es más sencillo que el contenido regrese en el sentido inverso, algo que se facilita en mayor medida si los niños se sitúan en una posición horizontal.

Reflujo gastroesofágico en bebés
El reflujo gastroesofágico suele desaparecer tras la lactancia | Fuente: Piqsels

A partir de los 6 meses de edad, al comer alimentos más sólidos y estar más tiempo sentados, los vómitos habitualmente disminuyen poco a poco hasta desaparecer. No debe preocuparnos que, en algún momento, parezca que vuelven a empeorar, sobre todo si coincide con la irrupción de infecciones u otras enfermedades. Es algo normal en la evolución del reflujo fisiológico. De hecho, quienes lo padecen suelen ser proclives a vomitar el resto de su infancia, e incluso algunos aprenden a forzarlo para llamar la atención.

Por lo tanto, mientras nuestros hijos coman de un modo aceptable y se encuentren bien, no debemos alertarnos. Si, por el contrario, apreciamos que vomitan con esfuerzo, expulsan materia verdosa o con sangre, tienen apneas, dejan de comer, están muy irritables o no ganan peso, debemos consultar inmediatamente con el pediatra. Los propios síntomas suelen resultar suficientes para emitir un diagnóstico de reflujo gastroesofágico, aunque en ocasiones es aconsejable llevar a cabo determinadas pruebas para la comprobación de la intensidad y la frecuencia del fenómeno.

El reflujo gastroesofágico durante la niñez

A lo largo de etapas posteriores de la niñez, la repetición del paso de los alimentos del estómago al esófago puede terminar provocando la inflamación de este último, generando dolor y sensación de ardor. Si los tejidos llegan a quemarse por el ácido digestivo, es probable presentar molestias que dificulten la deglución, lo cual puede traducirse en una irritabilidad excesiva de los niños a las horas de comer. En casos graves, advierte la AEP, el esófago puede sangrar e, incluso, estrecharse por la cicatrización, dificultándose así el tránsito de la comida.

A veces el reflujo gastroesofágico da lugar a síntomas respiratorios como bronquitis, infecciones pulmonares frecuentes, asma o el empeoramiento de esta si ya existía previamente. También es posible observar una pérdida de apetito que, junto con los vómitos frecuentes, dificulta que la ganancia de peso se desarrolle de manera normal. Se han detectado, por último, otros síntomas como otitis recurrentes o alteraciones de la voz, aunque son muy raros y no termina de aclararse su relación con la afección digestiva que nos ocupa.

Es posible diagnosticar la acidez y el paso de contenido del estómago hacia el esófago con una sonda fina que ha de llevarse durante 24 horas. Cuando el ardor u otros síntomas hagan sospechar que el esófago pueda estar inflamado, resultaría recomendable practicar una endoscopia, consistente en la introducción de un tubo con una cámara con el que ver directamente el aspecto del principio del tubo digestivo.

Pruebas para detectar el reflujo gastroesofágico
A veces son necesarias pruebas como la endoscopia para detectar el reflujo gastroesofágico | Fuente: Pixnio

¿Qué complicaciones puede causar?

Según los expertos de la Clínica Mayosi la inflamación se cronifica, puede causar una serie de complicaciones con el paso del tiempo como:

  • El estrechamiento del esófago o estenosis esofágica, un daño en la parte inferior de dicho conducto producido por el ácido estomacal que causa que se forme tejido cicatricial. Este suceso estrecha el camino que recorren los alimentos e implica una mayor dificultad para tragar.
  • Una llaga abierta en el esófago o úlcera esofágica, generada por una erosión grave del ácido en las paredes y capaz de desencadenar sangrados, intensificar el dolor e impedir una correcta deglución de la comida.
  • Cambios precancerosos en el esófago o esófago de Barrett, producido por la acumulación de daños en el tejido de la parte inferior del conducto, que aumentan las probabilidades de padecer, en última instancia, un cáncer en esta zona.

¿Cómo se puede tratar y prevenir?

Dicho lo anterior, si nuestros hijos están bien, el reflujo gastroesofágico suele desaparecer finalmente sin requerir de ningún tratamiento. Mientras son bebés, pueden resultar útiles, no obstante, ciertas medidas como mantenerlos incorporados un rato después de comer, no acostarlos inmediatamente después de las tomas o elevar ligeramente, como recomiendan algunos pediatras, la cabecera de la cuna.

Si les estamos dando el pecho o hacen uso del biberón no es preciso introducir ninguna modificación en su dieta. A pesar de que existen preparados con espesantes, llamados fórmulas antirregurgitación, no impiden el movimiento inverso de la comida. Tan solo dificultan que las bocanadas terminen en la boca. Lo ideal es mantenernos vigilantes ante la posibilidad de que aparezcan complicaciones, en cuyo caso pueden resultar necesarias otras medidas que siempre deberán partir del criterio de nuestro médico.

Si el inconveniente sigue produciéndose durante las fases posteriores de la infancia, el pediatra puede considerar favorable la disminución de la acidez del estómago mediante medicamentos. Existen, además, otros fármacos que favorecen que el esófago empuje de nuevo el contenido hacia abajo, si bien no muestran eficacia en todos los casos.

Paralelamente, hay tratamientos que reducen la fabricación de ácido en el estómago, minimizando los daños en los tejidos aunque haya reflujo. Según la AEP, en situaciones muy graves que no han evolucionado con alguno de los anteriores remedios, puede ser necesario pasar por el quirófano.
La cirugía consistiría en realizar una especie de lazo al comienzo de la cavidad estomacal, de manera que rodee el esófago y se dificulte la vuelta hacia arriba de los alimentos.

Cuidado de los niños tras la cirugía antirreflujo

Cuando no ha quedado más remedio que intervenir quirúrgicamente para tratar la enfermedad, es importante seguir con precisión las instrucciones del médico en lo relativo al cuidado postoperatorio de los niños. Los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos exponen los procedimientos llevados a cabo con más frecuencia para atajar el reflujo gastroesofágico:

  • Cirugía abierta a través de una incisión en la parte superior del abdomen.
  • Procedimiento con laparoscopio, un tubo delgado con una cámara diminuta en el extremo que se introduce a través de pequeños cortes.
  • Por medio de reparación endoluminal, similar al proceso anterior, pero el introduciendo el dispositivo por la cavidad bucal.

En ocasiones, también es posible que se haya llevado a cabo una piloroplastia, método empleado para ensanchar el orificio entre el estómago y el intestino delgado. Además, el cirujano puede haber colocado una sonda gástrica para facilitar la alimentación.

Operación contra el reflujo gastroesofágico
Si el resto de tratamientos no funcionan, puede ser necesaria una intervención quirúrgica | Fuente: Pixabay

Plazos de recuperación

La mayoría de los niños, según indican los servicios de salud estadounidenses, pueden regresar a la escuela tan pronto como se encuentren bien y el cirujano considere que es seguro. Se deben evitar, eso sí, los ejercicios extenuantes y el levantamiento de objetos pesados, por lo que las clases de gimnasia o los juegos muy intensos deben ser descartados durante 3 semanas o un mes.

Es probable que nuestros hijos experimenten, por otro lado, una sensación de estrechez al tragar provocada por la hinchazón dentro de su esófago, así como percibir cierta distensión en el conducto digestivo. En ambos casos, se trata de fenómenos que suelen desaparecer en torno a las 6 u 8 semanas posteriores. Resulta importante tener en cuenta que los tiempos de recuperación pueden variar también en función del tipo de intervención. Por ejemplo, los plazos contemplados tras una cirugía laparoscópica son más reducidos que los que conlleva una incisión abierta.

Consejos para la alimentación

El principal papel de los padres es ayudar al niño a retomar, poco a poco, una dieta normal. En el hospital ya habrá comenzado a ingerir elementos líquidos, proceso que se alargará hasta que el médico indique que se pueden suministrar alimentos blandos. A medida que estos últimos se vayan tolerando, el especialista irá marcando las pautas mediante las que ir regresando a los menús convencionales.

Si a nuestro hijo le colocaron una sonda de gastrostomía durante la operación, se puede utilizar para alimentarlo y sacarle los gases, operación para la que tendremos que abrirla y permitir la liberación del aire del estómago. En estas situaciones, el personal de enfermería del centro sanitario en cuestión nos habrá explicado previamente como manipularla y suministrado recambios. Para paliar las molestias, se recomienda recurrir a analgésicos de venta libre como el paracetamol y el ibuprofeno, aunque si en algún momento aparece un dolor excesivo, es esencial acudir en busca de ayuda sanitaria.

Curación de la herida

En lo relativo a la curación de las posibles heridas externas, los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos plantean diversos consejos en función del método empleado para cerrarlas. Si se aplicaron puntos de sutura, grapas o pegamento para cerrar la piel del abdomen:

  • Se pueden retirar los apósitos y dejar que el niño se dé una ducha a partir del día siguiente a la cirugía, a menos que el médico indique algo distinto.
  • Si no le resulta cómodo, podemos proceder con un baño ayudándonos con una esponja.

En el supuesto de que se utilizaran cintas quirúrgicas para sellar la herida, es recomendable:

  • Cubrir las incisiones, durante una semana, con una envoltura de plástico antes de la ducha, colocando cuidadosamente un adhesivo alrededor para evitar que entre el agua.
  • No intentar lavar las cintas, que se caerán por sí solas después de aproximadamente una semana.
  • No permitir a los niños que se sumerjan en bañeras, jacuzzis o piscinas hasta que el especialista considere que ha llegado el momento de hacerlo.

¿Cuándo debemos contactar con el médico?

Por último, resulta esencial contactar con nuestro proveedor de atención médica si se da alguna de las siguientes circunstancias:

  • Una temperatura corporal de 38°C o superior
  • Sangrado en las incisiones, así como en el supuesto de que estén rojas, calientes al tacto o expulsen una secreción espesa o lechosa de color amarillo o verde.
  • Dolor o inflamación abdominal.
  • Náuseas o vómitos durante más de 24 horas.
  • Problemas para tragar que le impiden al niño comer o, aunque no lo hagan, si no desaparecen después de 2 o 3 semanas.
  • Molestias que no se alivian con analgésicos.
  • Dificultades para respirar.
  • Tos que no desaparece.
  • Cualquier otro inconveniente que le impida a su hijo comer.
  • Caída o extracción accidental de la sonda de gastrostomía.
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