Ser altamente sensible está bien y un nuevo cuento ayuda a los niños a entenderlo

Míriam Tirado, referente de la crianza consciente, publica ‘Sensibles’, un relato en el que explica el valor de las emociones y qué pueden hacer los padres para acompañar a los menores con este rasgo de la personalidad. “El desconocimiento hace que muchos juzguen a las personas altamente sensibles como exageradas”, afirma la también escritora

El desconocimiento de la alta sensibilidad hace que muchos juzguen a las personas altamente sensibles como exageradas.

Ana M. Longo, De M&P, El País, 26/09/2022

Míriam Tirado (Manresa, 1976), consultora y referente de crianza consciente, periodista especializada en maternidad y paternidad, es autora de libros infantiles como El hilo invisible (B de Blok), El círculo (Carambuco ediciones) o La fuente escondida (B de Blok). La también escritora sorprende ahora a sus lectores con su nuevo libro Sensibles (B de Blok). El cuento, acompañado por las expresivas ilustraciones de Marta Moreno, aborda los rasgos de las personas altamente sensibles (PAS), concretamente en la figura principal: una niña. En sus páginas se enseña el valor de la sensibilidad y cómo acompañarla. Un título, publicado este mes de septiembre, que se presenta como una potente y entrañable herramienta educativa para toda la familia, para comprender más a otros y trabajar las emociones juntos.

PREGUNTA. Martina, la niña protagonista del cuento, siente intensamente. ¿Cree que, tras leer su libro, adultos y niños comprenderán lo que les ocurre?

RESPUESTA. He escrito y creado esta historia con el deseo de que ayude tanto a niños como a adultos a comprenderse un poco mejor, especialmente a los que tienen más sensibilidad y que, a veces, se sienten distintos o raros. Con este cuento quiero que vean que lo que les ocurre es normal y que no es malo. Sentir es algo absolutamente natural y hacerlo intensamente lo único que requiere es comprenderse para poderlo gestionar de una forma que no suponga una gran incomodidad en el día a día.

P. ¿Cómo pueden los padres o profesores ayudar a que un niño altamente sensible (NAS) se regule?

R. Primero, comprendiéndolo, y, luego, procurándole momentos de calma y silencio (si puede ser) y de actividades que le conecten a su ser. Cada niño tiene actividades o preferencias que le ayudan a volver a su centro. Tener eso en cuenta para cuando necesita calma después de mucha intensidad emocional o sensorial es imprescindible. También le ayuda mucho que los adultos que le acompañan pongan palabras a lo que le está ocurriendo para que el niño pueda comprenderse mejor.

P. ¿Qué diría que siente un niño que siente demasiado?

R. Yo no usaría la palabra demasiado porque, ¿quién y cómo se determina? ¿qué es demasiado? Un niño altamente sensible siente intensamente tanto a nivel sensorial como a nivel emocional. Es como si todo fuera más intenso, justamente porque los receptores del sistema nervioso trabajan más. Tienen también un elevado procesamiento de la información y mucha empatía. Sienten mucho el sufrimiento ajeno.

P. La alta sensibilidad es una característica que está presente en un 20 o 30% de la población. En la actualidad, existen más datos acerca de estos niños. ¿Han sufrido más en el pasado por desconocimiento y rechazo?

R. El desconocimiento de la alta sensibilidad, no solamente en el pasado sino también a día de hoy, hace que muchos juzguen a las personas altamente sensibles como exageradas. A menudo, a estos niños se les dice que son unos lloricas o que se quejan por nada, cuando para ellos eso de lo que se quejan puede estarles produciendo una gran incomodidad. Sin duda, cuando no te entienden y encima te juzgan, acabas pensando que no eres normal, que deberías ser distinto y que ser sensible no está bien. Todo eso produce mucho sufrimiento.

P. ¿Puede ser la sensibilidad un obstáculo para ser uno mismo?

R. El obstáculo no es la sensibilidad, sino la no aceptación de nuestro sentir y de cómo somos cada uno. Y para llegar aquí se necesita hacer un proceso que, a veces, requiere muchos años de autoconocimiento y de ir sanando heridas de la infancia cuando quizás nos hicieron creer que no éramos correctos tal y como éramos.

P. Hay un momento en el cuento que el abuelo de Martina le dice que con los años se le pasará. ¿Qué quería decir con esa afirmación?

R. De pequeño es difícil porque las incomodidades son muchas y el autoconocimiento, poco. Con los años uno va creciendo, madurando y se va conociendo más y mejor. Esto implica que sabes mejor qué necesitas a cada momento y te lo puedes dar. No es que la sensibilidad se vaya con la edad, sino que aprendemos a gestionarla mejor, especialmente si la aceptamos.

P. ¿Qué recomendaría usted a los padres cuyo hijo dice no querer ser como es?

R. Podrán ayudarles desde la calma y no la preocupación. Si los padres sin querer le han trasmitido que no les gusta cómo es su hijo, deben dejar de hacerlo y explicarle que, en ocasiones, les cuesta comprenderle, pero que no hay nada de malo en ser como es. Pueden averiguar si esa idea le viene de amigos, del colegio… Con todo esto, podrán descubrir si tiene la autoestima baja o si, simplemente, ha tenido un mal día y no piensa realmente algunas cosas que dice.

P. ¿De qué modo estos niños pueden transformar a positivo aquello que les causa malestar?

R. Como cuento en Sensibles, identificando cuáles son las incomodidades que les agobian para encontrar la manera de gestionarlas mejor y hacerlas más pequeñas. Si un niño se angustia mucho en el cole porque hay mucho barullo, al salir necesitará tener su momento de tranquilidad. A través de la escucha interna y de que puedan ir autorregulándose (primero con ayuda de los padres y luego, sin ella porque no la necesitarán) podrán ir sacando el máximo potencial a su sensibilidad; a su empatía; a su capacidad de captar cosas que otras personas no captan y a sus capacidades sensoriales…

P. ¿Qué consejo daría a los niños para aceptar ese superpoder del que se habla en Sensibles que les ha sido concedido y que probablemente no era el deseado?

R. Entiendo que, a veces, no les guste o se sientan distintos y que eso les resulte desagradable, pero su sensibilidad es un regalo. El mundo necesita más niños como ellos. A medida que vayan creciendo, se irán conociendo más y les será cada vez más fácil lidiar con esa alta sensibilidad. Aprenderán a quererse más.

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